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  BEIJING Y LA ÉTICA  
Luis María Rossi
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LA CARA OCULTA DE LA UIA

Los últimos tres Congresos Internacionales de la UIA (Unión Internacional de Arquitectos) poco aportaron a las cuestiones de fondo que plantea la sociedad de los años noventa, y si bien sus organizadores insistieron sobre la necesidad de producir los debates que permitieran obtener los resultados esperados, estos no se alcanzaron.
Menos visible, pero más propositiva es la Asamblea General de la UIA, realizada en los días posteriores al Congreso.
Este Foro en el que están representados todos los países integrantes de la Unión, refleja en sus debates y propuestas las inquietudes producidas por los acelerados cambios de los ´90. Es en éste ámbito que los arquitectos representantes de los diferentes sectores económicos y socioculturales de este mundo globalizado han venido acordando, desde la diversidad de una visión local, dos Programas muy significativos: "Carta UIA/UNESCO de la formación en arquitectura" y "Acuerdo sobre normas internacionales de profesionalismo recomendadas para la práctica de la arquitectura".
La apertura de las fronteras económicas ha liberado de hecho el tránsito de los servicios profesionales, y éstos se practican generalmente al margen de toda consideración ética, afectando fundamentalmente a los países del tercer mundo tanto económica -incluído el campo laboral de los arquitectos locales-, como sociocultural -la identidad y la tradición local- y ambientalmente -la sustentabilidad de la calidad de vida y el hábitat-.
Beijing, sede del último Congreso y Asamblea, ciudad de cultura milenaria travestida patéticamente en urbe progresiva como tantas otras ciudades asiáticas, del este europeo o de América Latina, es un caso emblemático de este proceso de degradación urbana. Esto se debe al desembarco de empresas de los países centrales que se expanden en busca de nuevos mercados, sin tener en vista más que las leyes que rigen los mismos.
Los Programas de la UIA apuntan a establecer políticas de acuerdo.
Una de ellas, aprobada en Beijing, reconoce el profundo compromiso ético de nuestra profesión con el ambiente y la sociedad en este nuevo contexto global, al incluir como Política sobre ética y conducta los siguientes principios:

- "LOS ARQUITECTOS MANTIENEN FRENTE A LA SOCIEDAD LA OBLIGACIÓN DE CONSIDERAR MINUCIOSAMENTE LAS REPERCUSIONES SOCIALES Y AMBIENTALES DE SUS ACTIVIDADES PROFESIONALES."

- "LOS ARQUITECTOS DEBEN RESPETAR Y AYUDAR A CONSERVAR LOS SISTEMAS DE VALORES Y EL ACERVO NATURAL Y CULTURAL DE LA COMUNIDAD EN QUE REALICEN SUS OBRAS".

- "DEBEN ESFORZARSE POR MEJORAR EL ENTORNO Y LA CALIDAD DEL HÁBITAT QUE ENCIERRA EN FORMA SUSTENTABLE, TENIENDO PLENAMENTE EN CUENTA LOS EFECTOS DE SU LABOR SOBRE LOS MÁS AMPLIOS INTERESES DE LA SOCIEDAD".
   
           
         

         
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