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He querido ser claramente metafórico en el
título de este editorial: cultura viene de cultivo y entonces
propongo que cultivemos paisajes culturales para que la cultura produzca
más cultura.
Es una gran satisfacción hacer esta pequeña
presentación a un cuerpo central de nuestra Revista
Ambiente digital, porque aborda una de las temáticas más
interesantes en las cuestiones de ambiente y patrimonio.
La categoría patrimonial de paisajes culturales ha sido instituida
recientemente por la UNESCO, y está teniendo un rutilante crecimiento.
La Quebrada de Humahuaca ha sido pionera en este sentido, y ya se
siente su repercusión.
Pasar del objeto patrimonial aislado, un edificio, un monumento, una
estatua, a los conjuntos y lugares, ya fue un avance colosal en una
visión más contextual e interdisciplinaria. Sitio, arquitecturas,
estatuaria, pintura, decoraciones, jardines, ya vienen siendo reconocidos
en su integridad, y muchas veces la misma reclama claramente su articulación
con el entorno que rodea ese patrimonio. Y es así que el propio
entorno comienza a ser protegido siendo una de las expresiones más
habituales en este caso, como área de amortiguación.
Pero
incorporar definitivamente la noción de paisaje extrapola
la cuestión al contexto mismo, al sistema general en que esta
expresado ese patrimonio. Sin descuido de las piezas monumentales
que son como iconos de ese paisaje, hoy se sabe que dichas piezas
no serían tales sin el paisaje como unidad conceptual. Que
ha inspirado a esas piezas monumentales, donde éstas pudieron
haber surgido por las necesidades que demandaba el paisaje en su conjunto,
porque el conjunto atesora la historia de todo ese sistema, y lo proyecta
al futuro, y porque los demás componentes intangibles, inmateriales,
del relato y la legitimidad identitaria, dan el nuevo relieve cultural
tanto al conjunto como a sus partes.
Además, innegablemente valorar todo el paisaje cultural, implica valorizar tanto o más lo intangible como la tangible,
lo mágico como lo real, lo popular como lo áulico, en
fin, sumergirse en el goce de la vida misma, antes que solazarse en
sus manifestaciones más ilustradas y exitosas.
En
esta publicación daremos apenas algunos fragmentos de información sobre un componente tan fascinante. Un marco teórico de un
reconocido pionero en estas cuestiones como es Joaquín Sabaté.
Casos ejemplificadores tan notables como el Camino de Santiago de
Compostela, y varias otras rutas culturales en Iberoamérica
y otros casos tan recientes e innovadores como las rutas del vino
y el Camino del Gaucho en la Argentina.
Otra cualidad adicional tiene la temática
de los paisajes culturales. Por fin comienzan a articularse como paradigma
y como episteme dos de los grandes cuerpos de conocimiento de las
últimas décadas: patrimonio y ambiente. Es en los paisajes
culturales donde estos dos conjuntos de conocimientos se interceptan
ineludiblemente. Y ello hace la felicidad entre quienes como nosotros,
bregamos por esta visión sistémica y trasdisciplinaria
desde hace más de 30 años.
POR RUBÉN PESCI
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